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Las islas de la memoria enterrada. Parte 2

Por Sebastián Rosso. Sábado 21 de Abril
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por Alvaro Aurane

Redacción LA GACETA

En enorme medida podría decirse que el comienzo ocurrió aquí. Pero sólo los que conocen esa parte de la historia pueden notarlo. Porque el lugar se parece a un paisaje de campiña de ensueño. Todo es verdor. A la diestra. Y a la siniestra. Hasta el sol se da el gusto de asomar. Y, como decorado final, están las ovejas. Pastan imperturbables.

Sin embargo, la escena está incompleta. El paisaje debería estar interrumpido por una escuela. Pero de ella queda nada. La guerra se la llevó.

En la Pradera del Ganso casi no quedan cicatrices del encarnizado enfrentamiento entre argentinos e ingleses que comenzó en las primeras horas del 28 de mayo hasta el mediodía del 29. Una lucha feroz que tuvo focos de acción en el cerro Darwin, en la parte norte de esta planicie, y en las cercanías del pequeño poblado homónimo, que los actuales ocupantes llaman Goose Green.

Los ingleses habían iniciado el desembarco de sus tropas una semana antes en la cercana Bahía de San Carlos. Y luego de consolidar la cabeza de playa avanzaron hacia esas posiciones argentinas. De modo que Pradera del Ganso fue la primera batalla terrestre del conflicto bélico de 1982. Por esos antojos de los registros de documentos, ese mismo 28, los militares argentinos emiten el comunicado número 100, en el cual “el Estado Mayor Conjunto comunica que oportunamente requirió de la ciudadanía que toda contribución de bienes al esfuerzo de consolidar la soberanía argentina en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur fuera canalizado en efectivo a través del Fondo Patriótico”. Explicaban que, de la mercadería donada, mucha era útil para la logística. Y mucha no.

En 1982

En el libro Batallas de Malvinas, Pablo Camogli reconstruye la cronología y los detalles de la batalla de Padera del Ganso, que comenzó a las 2 del 28 de mayo. A las 3.30, los argentinos ya abandonan la primera línea de defensa y la artillería (un par de morteros de 81 milímetros, otro de 120 milímetros, y un cañón de 105 milímetros), para la cual ya no tenían municiones. La penetración inglesa se daba por el ala Oeste.

A las 6 parece que todo está perdido, porque hay cuatro compañías inglesas contra una sola compañía argentina. Pero Camogli destaca el valor de los soldados argentinos: la reserva, a cargo del teniente Roberto Estévez, encara un contrataque en diagonal hacia el Noreste de las posiciones y, cruzando bajo fuego de artillería y ametralladoras inglesas, llega a la primera línea y frena la penetración enemiga. Caerán el propio Estévez, el cabo Mario Castro, que lo reemplaza, y el soldado Fabricio Carrascul, que sucede a Castro. Todos fueron condecorados post-mortem. La idea inglesa de tomar Pradera del Ganso en las primeras horas del 28 se hace añicos.

La llegada del sol es un alivio para los argentinos, que no tenían tecnología para apuntar de noche. Fue entonces cuando pudieron ver cuántos enemigos tenían en frente y en qué ubicación estaban. Hubo una pausa para reorganizar los recursos a las 9. Los ingleses recibieron municiones; y los argentinos, el refuerzo de un centenar de hombres.

A las 10 se reanuda la lucha y a las 11, una sección al mando del subteniente Juan José Gómez Centurión avanza sobre el puerto de Darwin, contiguo a Pradera del Ganso. La idea, según se consigna en Batallas de Malvinas, es replegar a los ingleses sobre un campo minado. Pero ellos no retroceden: conocen que los argentinos sembraron explosivos en la zona.

Cerca del mediodía, según el testimonio de Gómez Centurión, ocurre un confuso episodio: tres soldados británicos levantan los cascos y los fusiles en señal de querer parlamentar. Gómez Centurió se dirige a unos 200 metros del lugar donde, se le presenta el coronel Herbert Jones, jefe del cuerpo de paracaidistas británicos, quien le exige la rendición. Gómez Centurión, sorprendido pues él tiene el dominio de la situación en ese momento, lo insulta en inglés, lo conmina a retirarse y a reiniciar la batalla. Luego, será él mismo quien, reanudado el fuego, logre abatir a Jones, uno de los 15 soldados británicos enterrado en Malvinas. Otras versiones sostienen que a Jones lo mató un conscripto de 19 años, Oscar Ledesma. La versión inglesa es que Jones murió mientras, personalmente, atacaba un nido de ametralladoras argentinas.

Pero aunque pierden un oficial, los ingleses aprovechan para reagruparse y a las 12.30 se reanudaba el combate, con dos compañías de elite británica (unos 350 hombres) atacando a menos de una unidad argentina (150 hombres).

La lucha se torna encarnizada. Los argentinos atacan a las fuerzas inglesas con munición antiaérea de 35 mm, y con dos coheteras de Pucará que adaptaron sobre un jeep. Camogli precisa que con una ráfaga de ametralladora ultiman a un pelotón de 10 hombres. Los ingleses, después de rendir una posición argentina, reciben disparos desde la escuela de Pradera del Ganso, a donde se dirigen y matan a todos los soldados argentinos. Según versiones, muchos de ellos ya estaban rendidos. Inmediatamente, los ingleses comenzaron a arrasar las posiciones argentinas atacándolas con misiles antitanques. A eso se sumó el ataque de tres Sea Harrier a las posiciones antiaéreas.

Cuando cae la noche, los argentinos ya han perdido a la mitad de los hombres aptos para el combate. Les quedan -detalla Camogli- sólo 300 hombres y 97 cajas de municiones. Muy poco para enfrentar al batallón de ingleses que se ha reaprovisionado, que ha recibido refuerzos y que rodea el cuartel. A la una de la madrugada, el comando argentino contacta al enemigo y pacta una reunión para las 9 con el objetivo de rendir la plaza. A esa hora, dos soldados argentinos que habían sido tomados prisioneros, acercan una nota del comando inglés que exigía la rendición inmediata, bajo amenaza de tener autorización de Londres para bombardear hasta el exterminio a toda la guarnición, incluyendo a los isleños que los argentinos tienen tomados como prisiones desde hace un mes.

La rendición se pacta con honores militares y se concreta a las 11 de la mañana del 29 de marzo.

Según el Informe Oficial del Ejército Argentino, cayeron 47 compatriotas y hubo 98 heridos.

Los ingleses declararon 17 muertos, pero según los oficiales argentinos, durante la rendición los ingleses hablaron de haber sufrido 250 bajas, sin especificar muertos y heridos.

La superioridad de recursos de los británicos fue crucial. Se trató, en definitiva, el enfrentamiento entre la tecnología británica y la valentía, la bravura y la tosudez de los argentinos. Pero con esto no se gana una guerra. Cuanto menos, no la de Malvinas.

En 2008

El único ruido que desentona en la zona es el del escape de un cuatriciclo (el caballo del tercer milenio), sobre el que un isleño se afana en la tarea de arriar sus ovejas.
Hay una veintena de construcciones, entre las que tratan de pasar disimuladas algunas edificaciones, como el galpón donde permanecieron detenidos los soldados argentinos que sobrevivieron esas 33 horas de plomo. Fueron prisioneros hasta los días posteriores a la rendición, el 14 de junio.

Fueron, ciertamente, menos días que los que estuvieron, en similares condiciones, los pobladores de Pradera del Ganso, en un caserón contiguo, que, desde lejos, antes que el edificio municipal parece una capilla. “Los argentinos sospechaban que los pobladores mantenían contactos con las fuerzas británicas, especialmente por las incursiones de los Sea Harrier que se habían concretado en días anteriores. Entonces, el 1 de mayo, fueron convocados todos, en carácter obligatorio, a una reunión en el edificio municipal. Cuando estuvieron adentro, les cerraron la puerta”, explica a LA GACETA el guía isleño Anthony Smith.

En total, fueron 115 los civiles que permanecieron allí hasta el día en que Pradera del Ganso volvía a ser llamada Goose Green. Una treintena de ellos eran granjeros, y el resto, isleños que se habían ido de Puerto Argentino tras el desembarco argentino. En el pueblo, las fuerzas nacionales emplazaron sus baterías antiaéreas, con las que derribaron dos bombarderos ingleses: uno el 1 de mayo y el otro el 27, la víspera del combate. El piloto de esta última nave murió al estrellarse y su cuerpo está enterrado a un par de centenares de metros de las casas.
Al lado, un refugio para rebaños hace que el sepulcro no pueda verse desde el camino. El maquillaje campesino se esfuerza por disimularlo todo. Hasta el punto de que en la Pradera del Ganso ya no se ven gansos sino ovejas. Y ahora, en lugar de explosiones, sólo hay silencio, que también es el sonido de la muerte.

La batalla de Pradera del Ganso fue una de las más cruentas en Malvinas
Comentarios
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Este es un espacio para la construcción de ideas y la reflexión, que apoya e incentiva la pluralidad de pensamiento. No un escenario de ataques al pensamiento contrario.
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Alberto Calliera · 24 de Abril de 2012 - 10:45
Excelente y a la vez, doloroso recuerdo,Alvaro. Me trae a la memoria ese breve relato de Borges sobre el combatiente argentino y el inglés.
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Federico Perea · 24 de Abril de 2012 - 07:24
Que buen artículo!!! La verdad que a los Argentino nos cuesta retomar este tema pero que interesante es saber lo que paso y como paso, así los lugares y las cosas empiezan a tomar otro tinte y nos crean un lazo hacia ellos, despertando nuestra afinidad hacia las cosas. Quizas los Argentinos no terminamos de tomar conciencia y no sentimos una atracción hacia ello porque no sabemos nada del tema. Gracias por transmitirnos toda esta informacion.
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tucumanoinlondon · 23 de Abril de 2012 - 05:01
Alvaro ... excelente artículo. me quedo con esta frase: i>"Se trató, en definitiva, el enfrentamiento entre la tecnología británica y la valentía, la bravura y la tosudez de los argentinos. Pero con esto no se gana una guerra. Cuanto menos, no la de Malvinas."/i> br> Saludos ... Pablo
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