El Archivo
por Sebastián Rosso
Archivo La Gaceta
El Archivo queda en el segundo piso. Un ascensor ultramoderno nos deposita en las penumbras de un pequeño museo de máquinas y herramientas periodísticas. A sólo unos pasos, una puerta descubre el dichoso recinto, que se parece demasiado a una proyección de nuestra imaginación. Como lo esperaríamos, el espacio está atiborrado de anaqueles, cajas y sobres, todos preñados de documentos, que parecen descansar bajo un velo de polvo que no termina de caer. Los tonos marrones y el silencio dominan el ambiente. El tiempo parece haber desacelerado.
Nada hacía prever ningún cambio y sin embargo estamos aquí, alentados por el centenario del diario. Algunas caras nuevas nos hemos sumado al staff que por años ha cuidado y organizado este lugar. Compartimos un puñado de ideas, desde la ya próxima digitalización de los fascímiles de LA GACETA, hasta arriesgadas propuestas a largo plazo como la restauración de la enorme cantidad de material fotográfico guardado. En ambos casos pende sobre nosotros la tarea de encontrar un equilibrio entre los proyectos digitales y las necesidades materiales. Es fundamental no perder de vista que el mérito, difícil de alcanzar, de esta institución, reside en la materialidad de sus incontables documentos.
Otra cosa que se instaló al comienzo de esta etapa fue también considerar al Archivo no sólo como una fuente inmóvil de datos, sino como una activa reserva de producción cultural. Se pensó en difundir sus contenidos, buscando las formas de ponerlos a disposición, de exhibirlos y comentarlos. Así nació este blog, en gran parte alentado por la reinante cultura digital y su promesa implícita de generar una red de información que haga este mundo más visible y más accesible.
Hay una riqueza inherente al pasado, una tentación a pensar que las cosas se repiten y se heredan, un regocijo en comprobar que al contar la historia de nuevo, nos encontramos con nuestros aciertos y nuestros errores. Pero remontar el pasado también hace que nos percatemos de que sus momentos fueron únicos, de que hay objetos que no volverán o de que las situaciones nunca serán iguales. Pienso que eso nos trajo acá y que son motivos suficientes para revisar el archivo y contar las cosas que contiene.
Como lo pueden ver, ya estamos en la dimensión virtual. Aquí, algunos muebles añejos se acaban de coronar con una pantalla azulina y se hace perceptible un ligero brillo en el ambiente; las minúsculas partículas llegan al museo y al ascensor, un brillo refulge alrededor de las personas que circulan por la calle. El Archivo luce cambiado. Se está moviendo. Y como si fuera un sistema vivo, comienza a manifestarse de formas misteriosas.
Bienvenidos.
